ENSEÑANZA PÚBLICA Y ENSEÑANZA PRIVADA-CONCERTADA
o El desconcierto de unos padres que quieren lo mejor para sus hijos

Jorge tiene siete años y asiste a clase en un colegio público de Colmenar. Óscar y Ana, su padres, estaban relativamente satisfechos con el centro. Y digo “estaban” porque ahora, con todas esas informaciones sobre la LOE, el informe Pisa, las manifestaciones de los obispos y, sobre todo (sobre todo), el ranking de centros educativos de la Comunidad de Madrid ya no saben qué pensar. Hasta un senador ha dicho que la enseñanza en España era “un desastre” y, obviamente, no se refería a la enseñanza privada o concertada.

El colegio de Jorge se encuentra situado entre los cien primeros, pero los titulares de los periódicos y los responsables políticos de la educación en la Comunidad de Madrid coinciden absolutamente en el dictamen: la enseñanza privada-concertada es mejor que la pública. Por otra parte, está todo eso de la violencia en las aulas, del acoso escolar, de la inmigración, las drogas y el botellón. ¿No estaría Jorge más controlado, más protegido en un colegio privado? Ellos no son creyentes, pero todo este barullo sobre la religión les ha hecho pensar que quizás fuera bueno para su hijo que se educara en un ambiente de sólidos principios morales y firmes convicciones religiosas. Óscar y Ana son personas inteligentes y cultas, tienen buenos trabajos y quieren lo mejor para su hijo. Saben que la mejor herencia que pueden dejarle es una buena educación. Así que están pensando muy seriamente en matricular a Jorge, el próximo curso, en el colegio San Estanislao de Kostka, más conocido como SEK, centro privado y número 29 en el ranking.

Se trata de una decisión importante que les va a suponer considerables esfuerzos tanto económicos como organizativos. Así que, antes de dar el paso, se proponen analizar los pros y los contras minuciosamente. Óscar trabaja en algo relacionado con la gestión de calidad de las empresas y sabe que lo primero que hay que hacer es reunir la mayor cantidad de información que sea posible. Por medio de internet se hacen con una abultada carpeta de artículos y noticias de la prensa nacional. También preguntan a familiares, amigos y conocidos sobre la experiencia de sus hijos en distintos centros educativos. Pero sobre todo consultan a su vecina Almudena: una profesora de Inglés, con más de 25 años de experiencia en todo tipo de centros, y madre de dos hijos adolescentes. El resultado de dicho análisis es el siguiente:

a) Con respecto a los OBJETIVOS. La enseñanza pública tiene como finalidad prestar un servicio público, en este caso, la educación de los menores de un país. La enseñanza privada-concertada es una empresa cuyo objetivo, como el de toda empresa, es el de obtener la mayor rentabilidad de una inversión. Con estos supuestos, Óscar y Ana pensaron que si ellos fueran responsables de un centro público invertirían el dinero de la administración en conseguir más ordenadores por aula, un nuevo laboratorio de Ciencias o de idiomas, un sistema de gestión informático que permitiera a los padres hacer un seguimiento diario de sus hijos a través de internet; tratarían de conseguir más profesores para desdoblar clases y reducir el número de alumnos por aula, un aula de enlace para alumnos inmigrantes, profesores terapéuticos para los alumnos con discapacidades, etc.

Como gestores de un centro privado-concertado tratarían de reducir gastos en dos frentes: personal y dotación e infraestructuras. Y así: incrementarían el número de alumnos por aula, prolongarían la jornada laboral de los profesores y les disminuirían el sueldo, reducirían al mínimo el personal no docente (administración, cuidadores, etc.) y obligarían a los profesores a realizar sus funciones. También reducirían los gastos en material: ordenadores y laboratorios, los justos para quedar bien con los padres, aunque no funcionen, de todas formas, apenas se utilizan....

b) A pesar de todo, Óscar y Ana piensan que, en definitiva, lo más importante es EL PROFESORADO; por mucho ordenador o laboratorio, al final, todo depende del profesor. Pero, ¿cómo saber qué profesores son mejores?, ¿cómo se selecciona al profesorado que instruye a nuestros hijos?

En la enseñanza pública mediante un sistema de oposiciones (terrible por la enorme cantidad de personas que optan a unas escasísimas plazas) que si bien no garantizan las habilidades pedagógicas del profesorado (imposible en un examen escrito), al menos dan fe de su profunda y extensa formación curricular. No siempre ocurre esto: existe numeroso personal interino en los centros que no ha aprobado la oposición o la ha aprobado, pero no ha obtenido plaza. Con todo, tiene que haber participado en la última oposición convocada y haber obtenido una buena puntuación; sólo así podrá tener una buena posición en la lista de interinos y podrá trabajar. Por otra parte, el hecho de que sea funcionario ¿no supone que está menos “controlado”, que sólo trabajará si quiere porque resulta dificilísimo echarlo? Según su vecina Almudena, esto no es así. El control de los padres sobre el profesorado es cada día más fuerte y el profesor que no cumple satisfactoriamente con su trabajo tiene tantos problemas con los padres, los alumnos, los compañeros y la administración que, o se ajusta a unas pautas tolerables, o es apartado más o menos voluntariamente de la docencia.

En cuanto a la enseñanza privada concertada, el sistema de selección es el de cualquier empresa: currículo, entrevista y referencias. Sus condiciones laborales son peores que en la pública: más horas lectivas, menos sueldo y mayor precariedad en el empleo. Óscar y Ana intentan imaginarse como profesores de un colegio público y de un colegio privado. La conclusión es inmediata: harían todo lo posible por trabajar en la pública.

c) LA DISCIPLINA es otro asunto realmente preocupante. Los medios de comunicación no dejan de hablar de profesores estresados, insultados, amenazados, deprimidos; alumnos acosados, suicidios escolares, conflictos, violencia,... Para Óscar y Ana no hay duda: frente a la “anarquía” de la enseñanza pública, la enseñanza privada concertada representa “la ley y el orden”. Pero ¿qué opina su vecina Almudena con sus veinticinco años de experiencia? ¿Es eso lo que vive cotidianamente y lo que ha visto en los centros donde ha trabajado? En opinión de Almudena existen tres tipos básicos de problemas disciplinarios, que se corresponden con tres tipos alumnos, que si bien constituyen una minoría, pueden causar bastante malestar: el “marginal” (rendimiento bajo, problemas de aprendizaje y de integración en el sistema educativo por causas sociales y/o familiares), el “hiperactivo” (déficit de atención e impulsividad motriz y verbal debido a causas neurológicas) y el “niñato” (nivel intelectual y social medio o medio-alto).

Según Almudena, los alumnos “marginales” e “hiperactivos” son los más llamativos: complican mucho la dinámica de las clases y exigen enormes dosis de paciencia y tolerancia tanto del profesor como de los compañeros. Su comportamiento responde al abismo existente entre sus necesidades y lo que les ofrece el sistema educativo. Por ejemplo: un niño que se ha criado libre y salvaje porque su familia no se ha ocupado de él, que tiene dificultad para aprender y que lo que le enseñan no tiene nada que ver con lo que para él es familiar, es obligado a permanecer sentado, callado y a realizar unas tareas que ni entiende ni le interesan durante varias horas al día. Lógicamente se aburre y lógicamente, también, buscará la manera de divertirse que nunca será la más idónea para crear un ambiente de trabajo. Lo mismo pasa con los hiperactivos. Ante esto no hay soluciones estandarizadas; pero, evidentemente, cuanto más haga la escuela por satisfacer las necesidades reales de estos alumnos (adaptaciones curriculares, profesores de apoyo, atención médica o terapéutica, aulas de enlace para enseñanza del castellano al alumnado extranjero, etc.) mayores posibilidades habrá de normalizar la convivencia.

El caso de los “niñatos” es muy distinto. Son chicos bien dotados, tanto social como intelectualmente, que desprecian a los profesores, acosan a los compañeros con burlas y humillaciones y utilizan la hipocresía, el chantaje y la mentira sin el menor pudor. A pesar de su juventud, están convencidos de que “el mundo es una selva” y “el hombre un lobo para el hombre”, y que “el que pega primero, pega dos veces”. Para estos chicos, la bondad, la justicia y la solidaridad son cosa de perdedores. Carecen de sentimientos y sólo disfrutan causando dolor; eso les hace sentirse fuertes y satisfechos de ellos mismos. Es difícil castigarlos o pillarlos “in fraganti”, es difícil probar las vejaciones sutiles con las que torturan a profesores y compañeros. La distorsión que producen en el aula es menos evidente que la de los “marginales” e “hiperactivos” pero resulta mucho más destructiva: deterioran la imagen del profesor y la de los alumnos más responsables, crean un permanente clima de conflicto y desconfianza entre los compañeros, y entre los alumnos y el profesor, y desvían la atención de la clase de los contenidos de la materia para centrarla en el resultado de la batalla permanente que mantienen con el profesor. Según Almudena: “he conocido muchos casos de alumnos marginales e hiperactivos que han mejorado o se han normalizado; pero en mis veinticinco años no he conocido a ningún “niñato” que recondujera su conducta. Pueden disimularla durante algún tiempo , pero tarde o temprano vuelve a resurgir”. Almudena también les dijo que los “marginales” y los “hiperactivos” se encontraban, generalmente, en la enseñanza pública; los “niñatos”, en la privada-concertada y, últimamente, en los centros públicos ubicados en zonas urbanísticas de clase media.

Óscar y Ana se imaginan a su hijo en una clase con niños “marginales” o “hiperactivos”. Al principio se asustaría, luego se enfadaría y, por último, los toleraría, e incluso podría llegar a relacionarse con ellos con normalidad. En una clase dominada por uno o varios “niñatos”, Jorge intentaría no destacar intelectualmente para no ser tildado de “empollón y pelota”, viviría atemorizado por los compañeros y sufriría en silencio porque se sentiría avergonzado de su propia humillación. Al final tendría que elegir entre ser una víctima o un verdugo. Sin más opción, sin poder imaginar siquiera que se pueda vivir sin ser ni una cosa, ni la otra.

d) LOS VALORES. La manifestación a favor de la enseñanza religiosa les ha hecho pensar en la educación en valores. A simple vista parece que la enseñanza pública es “aséptica” mientras que la enseñanza religiosa, además de una sólida formación académica hace de sus alumnos mejores personas. Almudena les dice que son los padres los que educan a los niños en valores; y no lo hacen mediante el adoctrinamiento, sino con su actuación. Los niños son muy perceptivos: si ven que separas la basura, no tiras desperdicios en la calle, te compadeces de los que sufren, no toleras la injusticia, etc., ellos serán respetuosos con el medio ambiente, solidarios, etc. Pero cuando un niño ve que se le dice una cosa y se hace otra pierde la confianza en el adulto. Óscar y Ana piensan en sus propios valores. Ellos no tienen convicciones religiosas. Tienen otras: les gustaría que su hijo viviera en un mundo con menos guerras, más justo, más ecológico, más solidario,... ¿No resultaría hipócrita o contradictorio pretender que su hijo crea en lo que ellos no creen? Por otra parte, ellos saben que entre la doctrina y la práctica de la Iglesia hay , a veces, un abismo. Y que algunas propuestas de la jerarquía eclesiástica en materias como el control de la natalidad y la tolerancia de la homosexualidad están tan alejadas de la realidad que resultan más adecuadas para la vida de hace un siglo que para la actual. En lugar de proporcionarle firmes principios morales ¿no lo estarían educando en la confusión?

e) LOS RESULTADOS ACADÉMICOS. Eso si que no ofrece la menor duda: entre los cien centros con mejores resultados académicos, 29 son centros públicos y 71, privados o concertados. Sin embargo, algo en las informaciones les desconcierta: “La prueba no tiene en cuenta los factores socioculturales de los alumnos”, “el 70% de los inmigrantes están en la escuela pública”. ¿Quiere eso decir que los alumnos inmigrantes, que apenas conocen nuestra lengua ni nuestra cultura, han realizado la prueba en las mismas condiciones que los alumnos españoles? Porque si es así es como hacer competir a los cojos con los que no lo son... Si es así, los resultados no son reales, están falseados desde el origen. Una de las informaciones resulta, en este sentido, muy reveladora: El colegio Jacinto Benavente, de Leganés, ocupa el segundo puesto en el ranking. Se trata de un centro público con un 30% de inmigración. Óscar y Ana piensan que el 70% de alumnos españoles tiene que haber obtenido unas calificaciones muy superiores a ese 8,21 de media para poder compensar las de sus compañeros.

Esta misma reflexión vale para el colegio Virgen de los Remedios. El Virgen de los Remedios ocupa la posición 80, los alumnos han obtenido una nota media de 7’15 y tiene un 30% de alumnado inmigrante. ¿Qué calificaciones obtuvieron los alumnos españoles? ¿Llegaron a superar el ocho? De ser así, resultaría que un humilde colegio público de Colmenar Viejo, además de satisfacer las necesidades educativas de una numerosa población inmigrante, está proporcionando una formación académica de calidad a la población autóctona.

A estas alturas Óscar y Ana se encuentran perplejos. Su análisis les lleva a una conclusión radicalmente distinta a la de sus impresiones iniciales. “¿Cómo es posible que estuviéramos tan convencidos de que la enseñanza privada-concertada era mejor, cuando el análisis nos demuestra lo contrario? ¿Estamos siendo víctimas de una campaña de desprestigio de la enseñanza pública? ¿Habremos caído en la aberración consumista de creer que sólo es bueno lo que es caro?

Hay otro par de datos que les resultan sumamente inquietantes:

- “Luis Peral, Consejero de Educación de la Comunidad de Madrid, atribuye el éxito del colegio público de Leganés, situado en 2º lugar, a que se trata de uno de los centros con la ratio más baja: 18 alumnos por aula”.

- “El presupuesto de Educación, para el próximo curso, aumenta un 17% para la enseñanza concertada y un 7%, para la pública”. “La plantilla de profesores de la red pública sólo crece un 1´2% “.

O lo que es lo mismo: aunque el Consejero de Educación es consciente de que la calidad educativa se alcanza reduciendo el número de alumnos por aula, para lo cual tendría que contratar más profesores, destina más dinero a la concertada que a la pública.

Ana y Óscar se preguntan ¿por qué un político encargado de la gestión de los fondos públicos favorece a un sector empresarial privado que, al parecer, funciona bien, en detrimento de un sector público que, al parecer, necesita mejorar; cuando es tan evidente que sus problemas se solucionarían con una mayor inversión, sobre todo en profesorado?

Óscar y Ana ya no tienen ninguna duda. Jorge seguirá el próximo año en el Virgen de los Remedios. Están convencidos de que es, con diferencia, lo mejor que pueden hacer por él.

Carmen Arques
Secretaria de Organización de Izquierda Unida Colmenar Viejo
Profesora de Instituto